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Torre de la Iglesia

LAS CAMPANAS

Dicen que a San Paulino de Nola en el siglo V fue al que se le ocurrió llamar a las gentes a las reuniones con un instrumento de metal que retumbara a lo lejos, y como aquella región se llama Campania, por eso aquel instrumento se llamó "campana".

Aunque las campanas ya eran conocidas por griegos y romanos, la forma y la utilidad de hoy en día  no es tan antigua, pues no fue hasta el siglo XII, cuando  empezaron a construirse torres en las iglesias para colocar en ellas las campanas, las cuales comenzaron a fabricarse de un tamaño mayor. Se dice de Santa Teresa  que en cada fundación que realizaba de un nuevo convento, daba una gran importancia a la colocación en un lugar visible de una campana, la cual no faltaba en ninguna de sus casas.

Prácticamente no existía iglesia en nuestros pueblos y ciudades que no dispusieran de una o varias campanas. Constituían un elemento primordial tanto para marcar los actos religiosos como para los demás acontecimientos de la vida civil.

Cuando algún núcleo se despoblaba, cosa bastante frecuente en algunos siglos de penuria económica o por epidemias, los elementos valiosos de la iglesia, incluidas las campanas, se trasladaban al pueblo vecino donde residirían los últimos habitantes del pueblo que quedaba deshabitado.

El oficio de campanero, era en la mayoría de los casos itinerante, es decir que los campaneros acudían a fundir las campanas a los lugares que así lo demandaban. Con sus aperos y demás herramientas estos artesanos se instalaban, en las cercanías de la iglesia para la cual iban a trabajar hasta que terminaban su trabajo. El proceso de fabricación era laborioso y requería de gran conocimiento y maestría, la cual  habían heredado de sus padres y abuelos. En el mismo lugar, como hemos dicho, cercano a la iglesia, hacían el horno y allí con metal nuevo, o refundiendo viejas y rotas campanas, fabricaban las nuevas. A veces si el metal no era suficiente para la nueva campana, los vecinos donaban a la iglesia viejos almireces, lámparas, candelabros y todo aquello que sirviera para dicho fin.

 En la nueva campana el maestro fundidor solía grabar su nombre, así como la fecha de fabricación,  el nombre del benefactor que había corrido con los gastos de la fundición, cosa bastante frecuente, y como no también figuraba el nombre dado a la nueva campana. Era habitual decorar la campana con diversos motivos   como lagartos, que todavía podemos ver en alguna vieja campana, así como alguna frase o inscripción famosa y que era conocida por todos los vecinos.

 Las campanas de la torre eran conocidas por todos los vecinos, bien por su sonido, su tamaño o por el nombre. Generalmente la campana más grande estaba dedicada a la Virgen María, otras a distintos y variados santos, dependiendo del lugar. En muchas iglesias, una de las campanas estaba dedicada a Santa Bárbara, abogada de las tormentas. Por supuesto que todas llevaban impresa una cruz en la parte frontal. Generalmente el metal con que se hacían las campanas, era una mezcla de cobre y estaño en distintas proporciones, fórmula que  los campaneros guardaban secretamente, de generación en generación.

Con el paso de los años y el uso continuado, las campanas se agrietaban y el sonido no era limpio, sino desagradable al oído, por lo que había que refundirlas. Este motivo hace que sea raro encontrar en nuestras iglesias campanas que tengan más de 200 años de antigüedad.

La vida de los pueblos giraba en torno a la iglesia, y en los tiempos en que el único reloj que había era el sol, las campanas suponían un instrumento fundamental y vital para sus habitantes, pues el sonido  era escuchado por todo el término, avisando y congregando a los distintos actos y anunciando las horas del día, más importantes.

Los numerosos y diversos actos y oficios  de la vida del pueblo se anunciaban con el toque de las campanas, bien fueran actos religiosos o civiles.

 

Distintos  toques de campana

Con el paso de los años han desaparecido la gran mayoría de toques que conocieron nuestros abuelos, y que distinguían perfectamente.

 Los sacristanes eran los encargados de realizar los distintos toques que conocían al dedillo.

Cuando en nuestros pueblos, aún no existían los consistorios o ayuntamientos, como tales lugares de reunión, los vecinos eran convocados a las reuniones de concejo “a son de campana tañida”  congregándose en el pórtico de la iglesia.

Existía la creencia de que cuando había tormentas, el toque repetido de las campanas alejarían las nubes de piedra tan temidas en los campos, al igual que evitar el hielo para salvar las cosechas, por eso la dedicación muchas veces de una de las campanas a Santa Bárbara.

"Toque del ángelus": se realizaba al amanecer, al medio día y al atardecer. Estos tres toques marcaban tres momentos fundamentales del día, el amanecer, el medio día o la hora de comer, y la hora de regresar a casa tras el trabajo,  orientando a todos los que se encontraban trabajando en el campo, e invitando a rezar.

“Toque de arrebato”: este toque se hacía cuando había alguna catástrofe, un incendio, etc. Se tocaban varias campanas a la vez y de forma rápida para que acudieran los vecinos en ayuda o a socorrer o  sofocar algún incendio.

 “Toque de fiesta”: Los días de fiesta grande se tocaban las campanas ““a vuelo”, que consistía en voltear las campanas, cosa que realizaban los mozos más arriesgados

“Toque de difuntos”, también conocido como “Clamor” que avisaba del fallecimiento de algún vecino. Era un toque lento, en el que participaban dos campanas distintas y que todavía hoy sobrecoge cuando suena. Al final del mismo nos daba la clave: si el finado era hombre se daban  dos toques separados, y tres si la fallecida era una mujer. Mientras el cadáver era conducido al cementerio las campanas tocaban a duelo, durante todo el recorrido.

“Toque de hacendera”. Con este toque se convocaba a todos los vecinos para la ejecución de alguna tarea de interés común: Limpiar el reguero, arreglar algún camino, etc.

“Toque de gloria”. Así se llamaba cuando fallecía algún niño. Se tocaba con la campana pequeña o esquilín, y en algunos sitios era conocido como “toque de tilinduna”.


En alguna iglesia todavía tienen la antigua costumbre de dar dos o tres toques de campana, en el momento de la consagración en la misa mayor. Avisaban a las gentes que no habían podido acudir a la celebración, para que hicieran la señal de la cruz.

Adaptación del artículo

 “LAS CAMPANAS Y SUS TOQUES"
Ángel Fraile de Pablo



Torre Campanario de Malillos de Los Oteros

En la torre de la iglesia de Malillos de los Oteros, existen  actualmente tres campanas: La mayor orientada al sur, la mediana al norte y la más pequeña o esquilón al saliente. Las dos primeras campanas están fundidas en el año xxxx, y refundidas en el año xxxx, y el esquilón, aún en su versión original y sin refundir, data del año xxxx.



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